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Libro: "Las flores del mal" de Baudelaire, Charles



Libro completo "Las flores del mal" de Charles Baudelaire, traducido por E. M. S. Danero.

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Catalogo digital de la muestra "Figura de mujeres, imaginarios masculinos"


Anteriormente publicamos el catálogo de "La naturaleza de las mujeres. Artistas rosarinas entre 1910-2010". Hoy traemos el libro de la exposición: "Figuras de mujeres imaginarios masculinos, Imaginarios masculinos"; realizada el año pasado en la Fundación OSDE Rosario, también curada por Adriana Armando.

La muestra reunió autores rosarinos de la primera mitad del siglo XX en torno a la representación de la figura de la mujer y estuvo organizada en dos núcleos temáticos: "Vínculos: esposas, madres, modelos" y "Evocaciones: cotidianas, recónditas, ideales". Algunos de los artistas incluidos fueron: Alfredo Guido, Manuel Musto, Julio Vanzo, Luis Ouvrard, Oscar Herrero Miranda, Antonio Berni, Juan Grela, Augustos Schiavoni entre otros.

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Una mirada a Wlliam Blake desde la pluma de Kenzaburo Oé




Kenzaburo Oé en mi opinión el más occidental de los escritores japoneses contemporáneos.

Profundo conocedor del dolor ajeno. Un autor meticuloso y melancólico. Con un estilo personal críptico y por momentos incomprensible.

Algunas de sus obras traducidas al español son: “La presa” (1957), “Arrancad las semillas, fusilad a los niños”(1958) “Una cuestión personal” (1954), “El grito silencioso” (1967), “¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!” (1983), "Cartas a los años de nostalgias" (1997) y "Renacimiento" (2000).

Las pinturas en sus novelas son una metáfora de un estado subjetivo, el estado del personaje que, de un momento a otro, se descubre a si mismo en una imagen.

"Una cuestión personal"¹ es la novela de donde procede el texto que presentamos a continuación. En ella Oé cuenta la historia de Bird un profesor de inglés encargado de preparar estudiantes al ingreso universitario, que debe enfrentar el nacimiento de un hijo con hernia cerebral.

“Bird giró la cabeza y descubrió una reproducción de Blake en la pared contigua a la habitación. Había visto la pintura muchas veces pero nunca le había prestado la atención. Ahora observó lo extraña que era. Una plaza pública rodeada de edificios estilo medio oriente. A Lo lejos se elevaban un par de pirámides estilizadas: debía de ser en Egipto. La tenue luz del amanecer bañaba la escena. ¿O sería el crepúsculo? Tendido en la plaza, como un pez con el vientre desgarrado, estaba el cadáver de un joven. Junto a él, angustiada, estaba su madre rodeada de un grupo de ancianos con lámparas y mujeres meciendo bebés. Pero lo más impresionante del cuadro era la presencia dominante de un ser gigantesco que, por encima de las cabezas, arremetía contra la plaza con los brazos extendidos. ¿Sería la especie humana? El cuerpo musculoso estaba recubierto de escamas; los ojos, llenos de dolor y amargura; la boca, hundida en el rostro tan profundamente en el rostro como una boca de salamandra. ¿Sería el demonio? ¿Un dios? La criatura parecía elevarse hasta la turbulencia del cielo nocturno, mientras ardía en las llamas de sus propias escamas

¿Qué hace? ¿Son escamas o es una cota de malla estilo caballero medieval?

-Creo que son escamas-dijo Himiko-. Es la peste, que intenta aniquilar a los primogénitos de Egipto.

Bird sabía poco acerca de la Biblia. Tal vez fuese una escena del Éxodo. De todos modos, los ojos y la boca de la criatura resultaban tremendamente grotescos. Pena, temor, fatiga, soledad…, incluso un atisbo de risa manaban ilimitadamente de los ojos negros como el carbón y de la boca de salamandra.

-¿No es encantador? Pregunto Himiko.

-¿El hombre de las escamas?

-Por su puesto. Y me agrada imaginar como se sentiría si fuese el espíritu de la Peste.

-Probablemente tan mal que tus ojos y tu boca empezarían a parecerse a los de él.

–Bird echó un vistazo a la boca de Himiko.”¹

Les dejamos también el articulo de la revista Ñ "Hiroshima y el arte del ultraje" donde Kenzaburo diserta sobre el papel de Japón en el desarme nuclear.

http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2010/08/24/_-02207505.htm



¹Oé, Kenzaburo. Una cuestión personal. Trad. del japonés por Yoonah Kim con la colaboración de Roberto Fernández Sastre. Madrid: Editorial Planeta DeAgostini, 2003. pp. 57-58.

Descarga directa de textos del libro “Mirar” de John Berger



En Mirar¹ Berger nos muestra una escritura imaginativa, a la par de un profundo sentido reflexivo. En sus críticas se entrecruzan la descripción de inquietudes formales e ideológicas de los artistas, con su contexto histórico, su propia opinión y valoración y algunas intuiciones. Cada productor parece un pequeño microcosmos donde gravitan y se entrecruzan situaciones que lo atraviesan, lo modelan, lo condicionan o lo favorecen.

John Berger (N. en 1926) es un crítico inglés, de formación marxista, autor de novelas, ensayos, poesías y guiones de teatro y cine. Trabajó durante toda su vida colaborando en revistas y periódicos de su país. En 1962 se trasladó a un pueblo de los Alpes Franceses donde reside en la actualidad, aunque sigue vinculándose activamente para el mundo de arte. Entre sus obras más conocidas se encuentras "Modos de ver" (2004), "Mirar (2003)" y "El tamaño de una bolsa"(2004).

En esta selección de textos presentamos las críticas a los artistas y grupos más relevantes y conocidos por todos: Jean François Millet, Francis Bacon, Stijl, Gustave Courbet, William Turner, René Magritte, Franz Hals, Alberto Giacometti y Auguste Rodin.

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¹Berger, John. Mirar. 3ª ed. Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 2005. 248 p. ISBN 950-515-170-5.

INSTRUCCIONES PARA ENTENDER TRES PINTURAS FAMOSAS III (Última parte de las críticas de Cortázar.)


La dama del unicornio¹

por

RAFAEL

Saint-Simón creyó ver en este retrato una confesión herética. El unicornio, el narval, la obscena perla del medallón que pretende ser una pera, y la mirada de Maddalena Strozzí fija terriblemente en un punto donde había fustigamientos o posturas lascivas: Rafael Sanzio mintió aquí su más terrible verdad.

El intenso color verde de la cara del personaje se atribuyó mucho tiempo a la gangrena o al solsticio de primavera. El unicornio, animal fálico, la habría contaminado: en su cuerpo duermen los pecados del mundo. Después Se vio que bastaba levantar las falsas capas de pinturas puestas por los tres enconados enemigos de Rafael: Carlos Hog, Vincent Grosjean, llamado «Mármol», y Rubens el Viejo. La primera capa era verde, la segunda verde, la tercera blanca. No es difícil atisbar aquí el triple símbolo de la falena letal, que a su cuerpo cadavérico une las alas que la confunden con las hojas de la rosa. Cuántas veces Maddalena Strozzí cortó una rosa blanca y la sintió gemir entre sus dedos, retorcerse y gemir débilmente como una pequeña mandrágora o uno de esos lagartos que cantan como las liras cuando se les muestra un espejo. Y ya era tarde y la falena la habría picado: Rafael lo supo y la sintió morirse.

Para pintarla con verdad agregó el unicornio, símbolo de castidad, cordero y narval a la vez, que bebe de la mano de una virgen. Pero pintaba a la falena en su imagen, y este unicornio mata a su dueña, penetra en su seno majestuoso con el cuerno labrado de impudicia, repite la operación de todos los principios. Lo que esta mujer sostiene en sus manos es la copa misteriosa de la que hemos bebido sin saber, la sed que hemos calmado por otras bocas, el vino rojo y lechoso de donde salen las estrellas, los gusanos y las estaciones ferroviarias.


¹Cortázar, Julio.
"Intrucciones para entender tres pinturas famosas". En Historias de cronopios y famas. 2ª ed. Buenos Aires: Punto de Lectura, 2003. p. 18-19. ISBN 987-1106-35-1.

Instrucciones para entender tres pinturas famosas II (Una crítica de Cortázar con algo de humor)


Retrato de Enrique VIII de Inglaterra¹
por
HOLBEIN

Se ha querido ver en este cuadro una cacería de elefantes, un mapa de Rusia, la constelación de la Lira, el retrato de un papa disfrazado de Enrique VIII, una tormenta en el mar de los Sargazos, o ese pólipo dorado que crece en las latitudes de java y que bajo la influencia del limón estornuda levemente y sucumbe con un pequeño soplido.
Cada una de estas interpretaciones es exacta atendiendo a la configuración general de la pintura, tanto si se la mira en el orden en que esta colgada como cabeza abajo o de costado. Las diferencias son reductibles a detalles; queda el centro que es ORO, el número SIETE, la OSTRA observable en las partes sombrero cordón, con la PERLA-cabeza (centro irradiante de las perlas del traje o país central) y el GRITO general absolutamente verde que brota del conjunto.
Hágase la sencilla experiencia de ir a Roma y apoyar la mano sobre el corazón del rey, y se comprenderá la génesis del mar. Menos difícil aún es acercarle una vela encendida a la altura de los ojos; entonces se verá que eso no es una cara y que la luna, enceguecida de simultaneidad, corre por un fondo de ruedecillas y cojinetes transparentes, decapitada en el recuerdo de las hagiografías. No yerra aquél que ve en esta petrificación tempestuosa un combate de leopardos. Pero también hay lentas dagas de marfil, pajes que se consumen de tedio en largas galerías, y un diálogo sinuoso entre la lepra y las alabardas. El reino del hombre es una página de historial, pero él no lo sabe y juega displicente con guantes y cervatillos. Este hombre que te mira vuelve del infierno; aléjate del cuadro y lo verás sonreír poco a poco, porque está hueco, está relleno de aire, atrás lo sostienen unas manos secas, como una figura de barajas cuando se empieza a levantar el castillo y todo tiembla. Y su moraleja es así: «No hay tercera dimensión, la tierra es plana, el hombre repta. ¡Aleluya!» Quizá sea el diablo quien dice estas cosas, y quizá tú las crees porque te las dice un rey.


¹Cortázar, Julio. "Intrucciones para entender tres pinturas famosas". En Historias de cronopios y famas. 2ª ed. Buenos Aires: Punto de Lectura, 2003. p. 20-21. ISBN 987-1106-35-1.

Instrucciones para entender tres pinturas famosas I (Una particular crítica de Julio Cortázar.)


El amor sagrado y el amor profano ¹
por
TIZIANO

Esta detestable pintura representa un velorio a orillas del Jordán. Pocas veces la torpeza de un pintor pudo aludir con más abyección a las esperanzas del mundo en un Mesías que brilla por su ausencia; ausente del cuadro que es el mundo, brilla horriblemente en el obsceno bostezo del sarcófago de mármol, mientras el ángel encargado de proclamar la resurrección de su carne patibularia espera inobjetable que se cumplan los signos. No será necesario explicar que el ángel es la figura desnuda, prostituyéndose en su gordura maravillosa, y que se ha disfrazado de Magdalena, irrisión de irrisiones a la hora en que la verdadera Magdalena avanza por el camino (donde en cambio crece la venenosa blasfemia de dos conejos).
El niño que mete la mano en el sarcófago es Lutero, o sea, el Diablo. De la figura vestida se ha dicho la Gloria en el momento de anunciar que todas las ambiciones humanas caben en una jofaina; pero esta mal pintada y mueve a pensar que en un artificio de jazmines o un relámpago de sémola.



¹Cortázar, Julio. "Intrucciones para entender tres pinturas famosas". En Historias de cronopios y famas. 2ª ed. Buenos Aires: Punto de Lectura, 2003. p. 17-18. ISBN 987-1106-35-1.

Ensayo: El sublime espacio de Alberto Giacometti, de Maria Garcia Yelo

"El objetivo de este ensayo es poner en relación la experiencia vital y la obra plástica y literaria de Alberto Giacometti con las teorías de lo sublime expresadas en los textos de Edmund Burke y el Marqués de Sade. El análisis de los dibujos, las pinturas, las esculturas y las palabras de Giacometti
permite descubrir una concepción del espacio que se relaciona tanto con la teoría de lo sublime explícita en el texto de E. Burke e implícita en la obra del Marqués de Sade.
La propuesta de E. Burke fue perfectamente articulada, mientras que la de Sade tardará mucho tiempo en concretarse. El comienzo del siglo XX supone la recuperación de la figura y obra de este último y es cuando se llevan a cabo los primeros estudios teóricos al respecto. Alberto Giacometti formó parte
de este ambiente e, inevitablemente, recibió su influencia. El estudio de su obra plástica -Le Palais à quatre heures du matin (1932-1933) y Femme égorgée (1932)- y sus escritos revela que sus inquietudes personales y artísticas estuvieron muy vinculadas al universo de lo sublime."

El link del trabajo completo:
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